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fanzine nº 9: hueco

Hablar en malgache es de mala educación en según qué departamento

Hueco en calle de la flor donde es baja o alta la voz, el perro corre, van a mil por hora, una furgoneta por los cerros de Úbeda. Anda a pastar! Donde Neruda canta hay nísperos ateridos, nieve, ibis en procesiones plurales bajo las rojas luces, el mar también. No se nos olvide. Has venido a defender el templo a latigazos, minúsculas partículas animadas caminan por el film de Miyazaki que no parece sufrir, ni Herzog. Ni tampoco Buñuel atrajo a las hormigas para que nada ocurra. No es surrealismo, es indisposición transitoria del río Hudson. Para surrealismo tu pelliza. O cuando rompes la botella de ponche Caballero mientras pasmaroteas por los bulevares la película en blanco y negro de tus ojos. Y no es animadversión a los tristes tigres, sólo luces rojas, absolutamente blancas, absolutamente ciegas.

El hueco hocicar del vacío, al guano hueco del universo. Donde habitan las estrellas del cine, donde caen los cometas en la sopa, donde los tigres triscan trigo. Vete al guano hueco, dame la libertad, concédeme el dadaísmo de la esferificación, la visión nocturna del calamar. Todo está unido y el hueco es testigo de la muerte del canario, se moja mientras otros son equidistantes. Hipotenusa de llanto, el hueco teoriza sobre los infinitos del barrio. Bertín Osborne de ojillos transigentes, Paramansa de las ideas fijas: el hueco madura el trigo, te lleva los paquetes de amazon, arremolina el puré de perro andaluz en una contradicción atolondrada.

El hueco cae, es plomizo, huidizo, mijo, no puedes escapar de su magnetismo animal, hueco, sonoro, con cien pies garrapiñados, como Fred Astaire anfetamínico, como la hora punta de la ciudad asiática.

El cubo de la basura completamente lleno, en los camiones chillan las niñas flautistas. El perro lame una cámara fotográfica en Valparaiso.

Hueco es pedir comida y que te traigan azulejos, pedalear hacia el infinito como Lucky Luke (no adjetive). Pastar nubes de humo metabolizado en laringes lejanas, decir mamá a la velocidad de los recuerdos que daba la bicicleta. Hueco es ayer y mañana que no sé, es ascender en plan Potro de Vallecas a los abismos del romanticismo. Ser confundido con el portero cada mañana, eso es vida.

Hueco es cometa, es comer, es ETA, es perderte los aperitivos del buque cablero y escribir penetración en letras de oro. Hue.CO.

por Japonés de la tierra